SOBRE LA FRUSTRACIÓN

enero 27, 2022

Reflexionando sobre una serie fotográfica con un editor, me indicaba que, desde el punto de vista del espectador, las imágenes que componían esa colección podían generar frustración debido a la dificultad que puede experimentar el público para descifrar el mensaje de cada fotografía o del conjunto.

Ciertamente la serie no estaba concebida para la identificación de cada sujeto en particular, y operaba en un plano poético difuso y escurridizo. Aunque oportuna la observación sobre la posible frustración del espectador, no creo que necesariamente deba de ser considerada algo negativo, ni que el arte tenga que satisfacer siempre las ambiciones utópicas de su creador y menos aún de las audiencias. Las heteretopias de Foucault transitan por las discontinuidades y ambigüedades del significado.

La carencia de una habilidad, un conocimiento, un objeto o la ausencia de una persona siempre puede ser expresada en términos de frustración y esta se pondera en función del grado de expectativa que el individuo tuviese con relación a dicho sujeto. Freud reflexionó en “El malestar de la cultura” sobre el potencial que la frustración y el sufrimiento tienen como fuerza motriz en el desarrollo de la personalidad, aunque también advirtió de las consecuencias negativas que produce la incapacidad real de colmar todas las aspiraciones del YO ideal:


“El hombre se vuelve neurótico porque no puede soportar el grado de frustración que la sociedad le impone en aras de sus ideales culturales”
Sigmund Freud


Aunque no solo culturales, también sociales, económicos, emocionales o familiares… Cualquier anhelo humano tiene su doloroso contrapunto en la frustración, siendo el ejemplo más evidente la idea de la eternidad.

Fotografiar en si mismo es un acto de frustración. Mirar por el visor de la cámara implica acotar la mirada en los límites del encuadre y renunciar a observar todo lo que se extiende más allá del marco fotográfico. Durante el preciso instante de la toma nos convertimos en cíclopes atrapados en una caverna y en una cámara con espejo, permanecemos ciegos durante las fracciones de segundo que dura la exposición. En la enunciación de las habilidades mecánicas que Dziga Vertov atribuía al ojo mecánico -“yo, la máquina, te muestro un mundo como solo yo puedo verlo…me libero por hoy y para siempre de la inmovilidad humana (…)”- no figuraba la posibilidad de visión periférica, especie de subconsciente visual que nos mantiene en un estado de visión expandida. Walter Benjamín también bendecía las cualidades de la fotografía para penetrar la realidad más allá de los límites de nuestras capacidades visuales, para constatar la existencia de “un punto ciego de la visión, algo que no puede ser visto del todo, un lado oscuro, una falta, un objeto inasumible, inapreciable, inaprensible”. La mirada no es neutra, es un acto complejo, cultural y políticamente construido. Todo aquello que la limita, genera frustración.
Para el espectador la imagen fotográfica también puede ser motivo de frustración. La imagen fotográfica, mensaje sin código, no puede ser descifrada mediante ninguna convención. No existe un significado universal para la imagen fotográfica, su naturaleza polisémica lo hace tan enigmático y diverso como las miradas de los espectadores que se enfrentan a ella. Mas allá de la identificación de lo representado, el significado y la intención de la imagen no siempre son evidentes y permanecen obstinadamente ocultos para aquellas miradas fugaces o excesivamente cándidas.

La frustración del espectador vendrá de la imposibilidad de expresar de forma precisa aquello que Barthes de forma vaga y poética describió como el “punctum” de una fotografía.

Es mas interesante lo que se insinúa y oculta entre sombras que aquello que se muestra explícitamente. No siempre lo que se desconoce produce frustración, también puede ser útil para encender la imaginación del espectador. Entre los estrechos espacio de las sombras y las dudas, se extienden un amplio espacio para creativas interpretaciones.

Gregory Crewdson, Untitled (from the Dream House series), 2002